sábado, 17 de julio de 2010

Ejercicios de estrés

Vaya por delante que no me refiero a la tensión provocada por situaciones agobiantes que nos conducen a padecer trastornos psicológicos ó fisiológicos de distinta intensidad. Usted ya sabe que se puede pasear por las páginas de este blog sin el estrés que le provocaría que un millón de internautas tuviesen la misma idea y se le quedara colgado el acceso. Algo bueno deben tener las inmensas minorías.

De lo que quiero hablar hoy es de los cálculos simulados que se están realizando en el seno de la Unión Europea para, manejando diferentes hipótesis, determinar la estabilidad, la robustez o la resistencia que tiene nuestro sistema financiero ante la ocurrencia de crisis de distinto calado o intensidad.

Es decir, se trata de determinar si nuestras entidades financieras tienen suficiente capacidad, solvencia, o músculo financiero para adaptarse y sobrevivir a un futuro incierto, lleno de dificultades causadas por problemas internos o externos, y bajo escenarios de distinto grado de saña ó virulencia, sean catastróficos tsunamis o simples marejadas con vientos de poniente.

No se trata de una técnica de control innovadora digna de la concesión de un Nobel de economía, pues los supervisores bancarios la llevan utilizando hace años en el marco de las funciones de vigilancia que tienen legalmente atribuidas. Lo novedoso, lo diferente en este caso, son dos aspectos. Por un lado, y como más relevante, la posibilidad de que los resultados de estos ejercicios de estrés sean hechos públicos y conocidos por los ciudadanos. Por otro lado, que la metodología y las hipótesis utilizadas son comunes a las 91 entidades elegidas en el marco del ECOFIN.

La transparencia, la claridad, lo evidente, aquello que se comprende sin duda ni ambigüedad, suele ser siempre un buen principio. Pero también es cierto que las consecuencias que el pánico tiene en los ahorradores, agrava la situación del enfermo, y no solo de la entidad supuestamente en dificultades, sino del conjunto del sistema financiero. El inmediato efecto contagio entre entidades son como cerillas lanzadas a un reguero de gasolina y, paradójicamente, pueden conducir al empeoramiento del conjunto de las entidades que no estaban previamente en dificultades.

Sin embargo, la absoluta falta de confianza en el sistema financiero mundial que llevamos padeciendo durante casi tres años, precisa de medidas de claridad excepcionales. Y los mercados financieros andan expectantes ante los resultados de las radiografías del estrés, pero también andan con la mosca detrás de la oreja porque ya pululan rumores procedentes del bando alemán, que podrían conducir a la publicación de los resultados del estrés de forma agregada, de manera que no señalen con el dedo índice acusador a los bancos en peor situación potencial, apoyándose en el argumento del pánico inducido.

El ejemplo de los bancos americanos que realizaron y publicaron las conclusiones de sus ejercicios de estrés hace más de un año es claro, y muestra los beneficios de contar sin miedo lo que se sabe en situaciones de desconfianza grave.

A mi juicio, es un momento histórico y obligatoriamente necesario. No queda tiempo para dosificar ni para racionar la información. Si esta vez no convencemos a los mercados, si no nos convencemos todos, tomaremos la hoja de ruta equivocada y daremos un peligroso paso atrás.

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