lunes, 15 de septiembre de 2008

Quince años 'venenciando' cultura en Santander

Acabo de estrenar mi credencial de endomingado funcionario del INEM, sección de 'opinólogos', y ya me han comunicado que no tengo derecho a subsidio de desempleo, ni siquiera a una simple ración de sopa recalentada; y no me extraña, pues el vulgar negro sobre blanco pocas veces cotiza a la seguridad social.

Ahora lo que me pasa es que sin el caluroso aliento de los desconocidos lectores, la tarea de intentar contar algo parece como un viaje de noche, como un silencio oscuro; sin embargo, no voy a firmar tan fácilmente el acta de mi rendición, y gracias a las páginas de El Diario Montañés voy a enviar mi más sincera felicitación a toda la gran familia del Aula de Cultura La Venencia, que el pasado mes de agosto se vistió de bonito para celebrar su 'catorce más uno' cumpleaños.

Durante todos estos años han constituido la banda sonora original de la cultura de Santander, y desde allí se han extendido, como una gran mancha de aceite, a muchos rincones de nuestra piel de toro; pero la niña bonita del Aula no es flor de un día, sino el fruto del intenso trabajo de la cuadrilla de tenaces emprendedores que la conforman, que han conseguido tejer un ovillo de voluntades para multiplicarse, en calidad y en cantidad.

El Aula se autodefine como una organización sin ánimo de lucro, pero si de ánimo hablamos, holgados van, y no hay mayor lucro que la satisfacción que sienten los 'venencieros' al transformar su trabajo y su ilusión en cultura consumible, en consumo de cultura.

En el medallero del Aula se agolpan las publicaciones, los premios y las distinciones, y a este ritmo habrá que ir pensando en inaugurar una sala museo para engalanar su renovada sede social de la calle de los Acebedos de Santander, a cuyo salón de actos está prohibido que las penas entren.

Pero la vida suele trajinar por senderos caprichosos, y casi siempre deja trozos averiados en el camino. Dolorosamente, durante esta travesía nos han abandonado inolvidables compañeros de viaje, los más cercanos para mi José Ramón Gómez Nazábal y Alberto Gatón Rosón, a quienes dedico una pausa con emocionado recuerdo.

Sonará a rancio tópico, tanto como que los muertos son cosa de la vida, pero sin la aportación de ambos este proyecto tal vez hubiera sobrevivido, aunque de una manera más triste, más tosca, menos sobresaliente.

Me da la impresión que la pleamar triunfadora del Aula aún no ha llegado, y al temerario que pretenda plantar su toalla en la orilla, la briosa marea 'venenciera' se lo llevará por delante, y tan sólo con las únicas armas que conocen, el buen gusto, el estilo, la originalidad y la elegancia.

Por los sueños que aún os quedan por firmar, enhorabuena amigos, y que cumpláis muchos más

Publicado por El Diario Montañés, 15 de septiembre de 2008 ver

miércoles, 13 de agosto de 2008

Milonga del marinero y el capitán

12 Agosto 2008

Desfilaba el año 1995 cuando Ariel Rot firmó para Los Rodríguez este éxito del pop en castellano, ‘Milonga del marinero y el capitán’; su letra narraba cómo ambos, marinero y capitán, 'se reunieron en un bar y encargaron otra botella de ron. Ése sería el puerto final y lo fue tanto de verdad, que bajo el mar ahora descansan juntos los dos’.

Paradojas de la vida, el capitán de nuestra España y su marinero en tierra, más tarde o más pronto descansarán en lo más profundo del mar político y, a pesar de su desafinada gestión, empinarán la botella y brindarán con gozo. Infelizmente todos sabemos que la cola del paro no es lugar para ex políticos.

Pero ¿y los demás? Supongo que, al pasar de los años, cuando la crisis por fin dé paso al alivio de luto, cambiaremos el color negro de la ropa por el malva, y tal vez sólo recordemos de esta etapa la vacía sonrisa del capitán, o tal vez el anómalo guiño de ojos del marinero, o acaso únicamente retumbe un atronador silencio. Quizá por aquél entonces, como en una mala película de terror, algún médico de Osakidetza recomiende al ciudadano De Juana una dieta blanda, dado lo avanzado de su edad, o quizá los cualificados españoles del futuro nos estemos peleando por volver a subir al andamio.

Hoy, sin embargo, en estos días en los que España anda anestesiada con las gestas de nuestros ilustres desconocidos deportistas de esgrima y remo en los Juegos de Pekín, aprovecho para recordar aquél excepcional artículo que escribió el ex Presidente Adolfo Suárez en 1982, titulado ‘Yo disiento’. ¡Y quién no lo recuerda! Pues casi nadie; los unos porque no lo vivieron; los otros porque lo han olvidado, y los demás allá porque no han tenido la ocasión o las ganas de leerlo. Por cierto, os animo a poneros en manos del doctor Google y repasarlo; merece la pena.

Pues yo, modestamente, también disiento; del hoy y aún más de ese mañana, pero por desgracia me toca reconducir mis vidas y venidas hacia otro puerto. En mi despedida ni siquiera rasgaré la actualidad, pero no puedo atracar mi nave sin antes agradecer a Manu la oportunidad que me brindó hace meses para unirme a su proyecto, para aspirar a hablar sencillamente de economía, pero no sólo de economía; han sido algo más de cuarenta artículos durante casi un año de colaboración y, con la dosis justa de desahogo, confieso ahora que si siempre intenté contar mi verdad, fue porque la verdad es casi siempre una media mentira.

Desgraciadamente la crisis se ha cobrado otra víctima inocente, en forma de una nueva publicación que se esfuma, pero yo guardaré esta etapa en un cajón, como las joyas que se guardan para épocas de nostalgia.
Ha sido un placer. Hasta poco.