Este post tiene herméticamente abierto un libro de reclamaciones a disposición de los lectores, vengan de donde vengan, vayan adonde vayan, incluso si se encaminan a engrosar las listas del paro, incluso si vienen de abrazar el proteccionismo más egoísta, incluso si les trae al pairo todo esto.
Sólo exijo en compensación una pequeña defensa previa; antes de cargar contra mis muelas, quiero comunicarles que mi exposición de motivos es absolutamente desinteresada, y que sólo me gobiernan pensamientos de corte liberal, no narcisistas, guiados por convicciones confesas que, a mi juicio, iluminan el camino del bienestar común, del progreso bien entendido.
Zapatero, desprovisto últimamente de su optimismo antropológico, ya ha anticipado que dirá a todo que ‘no’, y eso sólo les debe llevar a reflexionar sobre el particular. Algo no debe encajar bien en este puzzle cuando se nos intenta ayudar desde el Gobierno, ¿verdad? Es el juego de siempre, el mensaje del miedo a la libertad, miedo a tener miedo, pero confío en que algunos de nosotros no piquemos en ese vulgar anzuelo.
Los EREs no son plato de buen gusto; son dramáticos, supone seccionar de cuajo el presente y el futuro de las familias, y nadie en su sano juicio se puede atrever a defenderlos como si fuera un juego de rol, pero torpedear desde la burrocracia del Estado su tramitación constituye sólo una demora del reo condenado a muerte; la única ventaja que le veo consiste en firmar, a escala empresarial, un reality agonizante que alimente la atención mediática.
Sólo algunos datos; los desempleados por EREs en España sólo representan el 3,5% de los nuevos desempleados; el resto del moderno desempleado ‘creado’ proviene, en un 50% del asalariado temporal, y en un 35% del famoso despido llamado eufemísticamente improcedente.
Si aún no se han querellado contra mi, les voy a dar un arma blanca bien cargada para animarles; Díaz Ferrán también ha insistido en la necesidad de establecer un contrato de trabajo más moderno, que contemple un despido más barato con una indemnización de 20 días por año, en lugar de los actuales 45 días, para generar más confianza en los empresarios y así crear más empleo.
Estoy totalmente de acuerdo. Vamos a la lógica económica; los efectos de la temporalidad sobre el empleo dan pistas sobre posibles soluciones; Primero lo que se ve; la reducción de costes de despido aumenta la destrucción de puestos de trabajo, especialmente en recesiones. Y ahora lo que no se ve; la creación de empleo también aumenta al reducirse los costes del despido, pues se reduce el coste laboral de las futuras contrataciones; y aunque no se lo crean, hay abundante evidencia empírica de que el resultado neto de ambos efectos sobre el nivel de empleo es positivo.